Eran los comienzos de siglo XX, una época de optimismo y progreso. La tecnología había producido maravillas como el automóvil, el aeroplano, los rascacielos, el cine y el telégrafo. El mundo estaba en marcha y el transporte transatlántico de pasajeros, carga y correo era dinámico y competitivo. Los transatlánticos, predecesores de los aviones jumbo de hoy en día, eran más rápidos, grandes y lujosos que nunca para dar respuesta a este tráfico.
Durante una cena celebrada en julio de 1907, J. Bruce Ismay, director gerente de la naviera
White Star Line, y Lord James Pirrie, presidente de la venerablecompañía de construcción naval
Harland & Wolff, con sede en Belfast, concibieron la idea de construir dos fabulosos barcos para competir en el lucrativo negocio de los transatlanticos. Serían el
Titanic, el
Olympic y, más tarde, el
Britannic, los más grandes objetos móviles jamás construidos por el hombre.
Además contaría con una calidad que los otros barcos no tenían...Según un medio de la época
The Shipbuilder, una publicación técnica de 1911, “La subdivisión estanca del
Olympic y del
Titanic es muy completa, y está dispuesta de manera tal que podrían inundarse dos compartimentos cualesquiera sin que la seguridad del buque se viera comprometida en forma alguna.”